¿Sabían que el petate era considerado un símbolo de jerarquía y autoridad en las culturas del México prehispánico antes de ser un objeto de uso popular?
El nombre de este artefacto proviene del náhuatl petlatl y describe una estera tejida principalmente con fibras de palma o tule. En la civilización mexica, la expresión "in pétlatl, in icpalli" (la estera y el trono) se utilizaba para referirse al poder político y la autoridad de los gobernantes. Los soberanos mesoamericanos se sentaban sobre petates finamente elaborados, los cuales servían como base para sus tronos de esterilla, diferenciando su estatus del resto de la población.
Más allá de su función como mobiliario para el descanso, el petate posee una carga simbólica que abarca el ciclo vital completo. Históricamente, es el espacio donde se nace, se contrae matrimonio y se muere. En diversas comunidades indígenas, las mujeres daban a luz sobre un petate y, al finalizar la vida, el mismo objeto funcionaba como mortaja para envolver el cuerpo antes del entierro. Esta práctica dio origen a la expresión popular "se petateó", utilizada para indicar que una persona ha fallecido.
La fabricación de un petate de dimensiones estándar puede requerir hasta dos días de trabajo manual continuo, dependiendo de la complejidad del trenzado y el tipo de fibra utilizada. Aunque su presencia ha disminuido en las zonas urbanas, sigue siendo una herramienta multifuncional en el ámbito rural, empleándose para el secado de granos al sol, como protección en los muros de las viviendas y como elemento central en los altares de ofrendas.
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