MADONN@, LE DECLARÓ LA GUERRA AL CRISTIANISMO Y LO CONVIRTIÓ EN ESPECTÁCULO
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Hay mujeres que no necesitan presentación. Madonna Louise Ciccone, criada en el seno de una familia católica numerosa, conocía perfectamente el peso de los símbolos religiosos antes de convertirlos en munición. No fue ignorancia lo que la llevó a cruzar todas las líneas de la fe cristiana. Fue, según sus propias declaraciones, una decisión calculada, sostenida durante cuatro décadas con una coherencia que interpela.
La pregunta que muchos creyentes se hacen hoy no es menor: ¿estamos ante una artista provocadora o ante alguien que eligió deliberadamente al cristianismo como su principal blanco?
Los hechos hablan por sí solos. En 1984, en la primera edición de los MTV Video Music Awards, una joven desconocida se arrastró por el escenario vestida de novia mientras simulaba actos sexuales. El cinturón que llevaba decía "Boy Toy", juguete de chico, y la canción se llamaba Like a Virgin. No era un accidente estético. Era una declaración de guerra contra la pureza como valor cristiano, envuelta en encaje blanco para que el contraste doliera más.
Dos años después, con Papa Don't Preach, fue directo al corazón del debate sobre el aborto, posicionándose ante millones de jóvenes desde una narrativa que chocaba frontalmente con la doctrina de la Iglesia. La letra no era ambigua. Tampoco lo era su intención. Pero el golpe más calculado llegó en 1989 con el videoclip de Like a Prayer. En esos cinco minutos y treinta y siete segundos convivieron la iconografía mariana, santos que cobran vida, estigmas autoinducidos, cruces en llamas asociadas al Ku Klux Klan y una relación erótica con una figura sagrada.
El reverendo Donald Wildmon movilizó a 380.000 personas en boicot. El papa Juan Pablo II emitió un comunicado prohibiendo su entrada, su música y sus imágenes en Italia, calificando el videoclip como uno de los espectáculos más satánicos de la historia. No era un fanático desconocido quien lo decía. Era el líder espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo.
Madonna no se ablandó. Respondió con más provocación.
En 1990, en Toronto, la policía se acercó al estadio para advertirle que sería arrestada si volvía a simular una masturbación durante el show. Su respuesta fue hacerlo con más énfasis en la función siguiente. En ese mismo período, su gira Blond Ambition Tour puso en escena a bailarines homosexuales en coreografías explícitas cuando la homosexualidad era aún un tema que la sociedad procesaba con dificultad. Cabe destacar que no se trató solamente de inclusión, sino de una puesta en escena deliberadamente diseñada para chocar con la moral cristiana y tradicional.
En 2006, en su gira Confessions Tour, apareció crucificada en una cruz de neones ante miles de espectadores. En 2008 le dedicó Like a Virgin al papa Benedicto XVI en pleno show. En 2015 saludó al papa Francisco desde el escenario con un gesto que mezcló cordialidad con ironía.
En total, Madonna ha sido excomulgada en tres ocasiones del catolicismo.
Ahora bien, la imagen que encabeza esta nota no es una creación de un crítico ni de un adversario. Es una fotografía de Madonna posando deliberadamente como la Virgen Dolorosa, la imagen mariana traspasada por espadas que representa el dolor de María ante la Pasión de Cristo. El corazón rojo, las espadas clavadas, la corona, el manto. Todo tomado de la tradición católica más profunda y convertido en estética personal.
Para millones de personas en el mundo esa imagen es sagrada. Para Madonna es vestuario. No hace falta especular sobre pactos ni rituales para llegar a una conclusión que los propios hechos documentados sostienen, durante más de cuatro décadas, Madonna eligió sistemáticamente los símbolos más sagrados del cristianismo para construir su marca, su rebeldía y su fortuna. Crucifijos, vírgenes, santos, papas, estigmas, cruces, la figura misma de Cristo. Todo pasó por su maquinaria de provocación.
El interrogante que queda abierto no es teológico sino psicológico y espiritual: ¿por qué alguien criado en la fe necesita destruir exactamente aquello en lo que fue formado? La respuesta, quizás, nos dice más sobre el estado del alma que sobre el del escenario.
Julio César Cháves
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