@tunubesecamirio el tema de la movilización ciudadana con respecto a los #centros_de_datos me ha recordado muchísimo a lo que viví durante mi infancia y primera adolescencia con respecto a un #CementerioNuclear que querían poner en un pueblo al lado del mío.
Es otra vez la misma historia. Los poderosos queriendo imponer y sacar todo a los más pobres. En mi caso nos "regalaban" dinero a cambio de unos residuos que nos matarían durante generaciones. Mariscadas a los dueños de las tierras, promesas vacías y el 90%de la población en contra. Trajeron sus máquinas. Las desmontamos tres veces. El cementerio nuclear está en otro sitio donde la gente hizo menos ruido.
El Cabril, historia de un cementerio nuclear en el que los vecinos siempre son los últimos en enterarse https://www.eldiario.es/andalucia/cordoba/cabril-historia-cementerio-nuclear-vecinos-son-ultimos-enterarse_1_6486410.html Alfonso Alba #Cementerionuclear #Andalucía #Córdoba #Enresa
El Cabril, historia de un cementerio nuclear en el que los vecinos siempre son los últimos en enterarse

La historia del almacén de residuos radioactivos de El Cabril (el eufemismo usado por el Gobierno para no llamarlo directamente cementerio nuclear, como popularmente se le conoció) está llena de secretos. Todo lo que pasa en la Sierra Albarrana desde los años cuarenta ha sido contado en susurros y a cuentagotas. Incluso en plena democracia tuvieron que ser un valiente periodista y un aguerrido fotógrafo, Sebastián Cuevas y José Manuel De la Fuente, los que disfrazados descubrieran, con el cadáver de Franco recién enterrado, que la antigua Mina Beta de la Sierra Albarrana era un "cementerio atómico". Este almacén nuclear llevaba décadas funcionando de una manera bastante artesanal: a Hornachuelos llegaban barriles con basura nuclear que unos operarios bajaban al corazón de una antigua mina. Han pasado 42 años justos desde que Sebastián Cuevas y José Manuel de la Fuente se la jugaran por arroyos, veredas, fincas de caza y caminos rurales del corazón de la sierra de Hornachuelos para publicar aquel icónico reportaje titulado Andalucía, vertedero atómico, en la revista Tierras del Sur. Muchos vecinos de Hornachuelos y del entonces próspero Valle del Guadiato leyeron así lo que escuchaban en las tabernas y les contaba algún familiar que trabajaba en la zona: que a la Sierra Albarrana estaba llegando la basura nuclear procedente de toda España. 42 años después, los vecinos se han enterado también por la prensa de una decisión que ya está tomada. La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, respondió en el Senado a la parlamentaria Pilar González que el Gobierno va a ampliar El Cabril para trasladar allí todos los residuos de muy baja, baja y media actividad procedentes del desmantelamiento de todas las centrales nucleares de España. El principio de la historia La historia de El Cabril arranca en 1947. En cada visita que la Empresa Nacional de Residuos (Enresa) organiza para la prensa en la Sierra Albarrana se repite el origen de la que hoy es la única solución al enorme problema que tiene España con la decisión tomada para desmantelar todas sus centrales nucleares: qué hacer con la basura generada. En 1947 el ingeniero Antonio Carbonell descubrió que en El Cabril había uranio. Eran los años cuarenta. Apenas dos años antes Estados Unidos había lanzado dos bombas atómicas en Japón que habían puesto punto y final a la Segunda Guerra Mundial. España entraba también en la carrera atómica. Se buscaba no solo la bomba (algo que nunca consiguió el régimen de Franco) sino el acceso a una fuente de energía que se sostenía de forma barata. En 1947, la Junta de Energía Nuclear (JEN) creada por el régimen franquista deslindó la zona. Y se comenzó a excavar lo que se llamó Mina Beta. Pronto se abandonó la extracción de uranio. El terreno era demasiado duro y los costes se disparaban. Entonces, el Gobierno franquista se topó con un problema que ya estaba ocurriendo en el resto del mundo: qué hacer con los residuos nucleares que se generaban en las centrales. ¿La solución? Como en Europa, aprovechar minas abandonadas en zonas alejadas de la población y con escaso riesgo sísmico. En 1961 llegaron los primeros bidones al corazón de esta mina abandonada. Durante 20 años, hasta bien entrada la democracia, los bidones siguieron entrando a la zona. El reportaje que cambió la historia de El Cabril Hoy la Mina Beta está sellada y en su interior esconde los secretos de aquellos oscuros años. Pero a causa de esta decisión, y a que el suelo era ya propiedad de la JEN, el Gobierno decidió que el lugar para guardar los residuos radiactivos del país estaba al norte de la provincia de Córdoba, en un paraje supuestamente muy alejado de cualquier población pero con un altísimo valor medioambiental. Así nació El Cabril y así se fundó Enresa. El reportaje de Sebastián Cuevas y de José Manuel De la Fuente provocó una enorme indignación ciudadana. Surgió una plataforma que rechazaba que Córdoba fuese un cementerio nuclear que en 1986, con el accidente de Chernóbil, regresó con muchísima fuerza. En los años ochenta, el Gobierno reaccionó. La decisión estaba tomada. El Cabril iba a ser, sí o sí, el lugar elegido para depositar los residuos generados en España. Pero no los altamente radioactivos. Entonces no había ninguna central nuclear próxima al final de su vida y no se planeó qué hacer con esos enormes depósitos de combustible gastados. A El Cabril solo llegaba la basura radiactiva de los hospitales, de los laboratorios y también de episodios de contaminación radioactiva en España. El 30 de mayo de 1998 hubo un grave incidente radioactivo en España. La planta de chatarra de Acerinox en Los Barrios (Cádiz) tuvo un fallo. A derretir el material, el cesio-137 ardió y causó una nube radiactiva que fue detectada en Europa, pero no en Algeciras. La nube era 1.000 veces más potente de lo normal. Las cenizas radiactivas de aquel accidente están en El Cabril. El debate sobre qué hacer con una central nuclear una vez desmantelada no se abrió hasta el Gobierno de Zapatero. La llegada de las cenizas de Acerinox empezaba a dar pistas. Europa ordenó una directiva de obligado cumplimiento a todos sus países para almacenar de manera segura y adecuada sus residuos nucleares. El objetivo era crear un único punto, llamado Almacén Temporal Centralizado (ATC), al que llevar los grandes residuos radioactivos de las centrales nucleares. Sería, su nombre lo indica, temporal, antes de construir una gran infraestructura para almacenar ya de manera definitiva una basura que en algunos casos puede seguir siendo radioactiva dentro de miles de años. El desmantelamiento de las nucleares El Consejo de Ministros designó, el 30 de diciembre de 2011, el municipio conquense de Villar de Cañas como sede del Almacén Temporal Centralizado (ATC) y su Centro Tecnológico Asociado. Hubo debate en el norte de Córdoba. Incluso se llegaron a tomar muestras del suelo de Los Pedroches, ya que los ingenieros consideran que el granito es perfecto para una instalación de este tipo, pero la contestación ciudadana y política descartó cualquier posibilidad de que el ATC acabase también en Córdoba. Pero informes posteriores durante el Gobierno de Mariano Rajoy desaconsejaron usar el suelo de Villar de Cañas por los riesgos que suponía para un almacén de este tipo. Y eso en un momento en el que la decisión estaba tomada, con las primeras nucleares llegando al final de su vida útil y empezando a ser desmontadas. ¿Qué hacer entonces con los residuos nucleares? Y es aquí donde de nuevo los vecinos de la zona se han vuelto a enterar por la prensa, después de meses de intensos rumores. El sexto Plan Nacional de Residuos Nucleares está a punto de cumplir y el séptimo está en borrador. El documento aún no es público, pero por lo que el Gobierno ha ido contando El Cabril va a volver a tener un papel fundamental. De momento, Enresa ya trabaja en un gran proyecto para duplicar el número de celdas de almacenamiento de El Cabril con el objetivo de sepultar en ellas todos los residuos de hasta media actividad que se generan en el proceso de desmantelamiento de una central nuclear. Y eso, salvo el núcleo de la propia central, son muchísimos residuos: desde el escombro, hasta las arenas de alrededor, pasando por los trajes de protección que han usado los trabajadores o incluso su propio material. A día de hoy, El Cabril tiene ya 22 de sus celdas llenas de residuos, en un espacio de 50.000 metros cuadrados. Aún tiene espacio en seis más. Además, tiene previsto construir otras cuatro celdas, la 29, la 30, la 31 y la 32, que ocuparían 130.000 metros cuadrados. Enresa prevé que con estas cuatro celdas haya espacio suficiente para acoger los residuos de los próximos años. Pero seguirá haciendo falta sitio para todo lo que generará el desmantelamiento total de las centrales nucleares españolas. Por ello se trabaja en un proyecto en dos fases. En la primera, y con el horizonte puesto en 2028, se construirían 12 celdas más. La segunda fase, sin fecha, prevé otras 17. En total, serían otros 25 recipientes especiales en los que poder sepultar los residuos de media, baja y muy baja intensidad procedentes de todas las centrales nucleares españolas. ¿Y qué pasa mientras con los residuos de muy alta actividad? Hasta que no se construya un almacén central, todos se tienen que quedar en las centrales nucleares. El Gobierno sopesa construir tres almacenes de este tipo en toda España, y no uno, como recomienda Europa. En principio, El Cabril no está en sus planes. Pero ese es un plan que siempre ha estado encima de la mesa. ¿Llevar la basura radiactiva a varios puntos de España o aprovechar que ya existe un cementerio nuclear al norte de Córdoba para depositarla? El Cabril está en el término municipal de Hornachuelos (uno de los más grandes de España) pero mucho más cerca de los pueblos del Valle del Guadiato. De hecho, para acceder hay que pasar por el Guadiato. Desde Hornachuelos es casi imposible hacerlo, si se quiere sobrevivir a una carretera con mareo asegurado. En el Guadiato siempre se ha denunciado, especialmente desde IU (formación que hoy está en el Gobierno de España), que su crisis industrial y su despoblación es una estrategia para convertir a El Cabril en el gran cementerio nuclear del sur de Europa. Como siempre, los vecinos son los últimos en enterarse. El Ayuntamiento de Hornachuelos ha denunciado públicamente que está en contra del plan del Gobierno, que prevé declarar la ampliación de El Cabril de interés público y que evita, de esta forma, que sea el propio Consistorio el que dé la licencia de obras y actividad. Además, los partidos de izquierdas en la provincia de Córdoba, históricamente muy combativos contra todo lo que supone El Cabril, miran con recelo lo que están haciendo en Madrid sus compañeros de partido. Adelante Andalucía ya ha dicho que hará todo lo posible por "minimizar" la ampliación de El Cabril. El riesgo, en el transporte Mientras, el gran temor de los vecinos de la zona pasa por el transporte. La llegada de residuos nucleares a El Cabril no es fácil. El acceso desde Hornachuelos es una sinuosa carretera que nace desde el mismo pueblo y que atraviesa Sierra Morena. Desde el Norte, la carretera de Alanís de la Sierra (Sevilla) es, incluso, más sinuosa. El acceso natural es desde Fuente Obejuna. Los camiones cargados de residuos pasan por el mismo municipio y atraviesan varias de sus aldeas. Por eso, la ampliación de El Cabril empieza a inquietar a los habitantes de estas zonas, pero también a agricultores, ganaderos y ecologistas. En 2019, Enresa informó de un incidente leve. Se había detectado una filtración de agua desde una de las celdas selladas. Los ecologistas siempre han hablado del gran riesgo que supone una instalación de este tipo en el corazón de Sierra Morena, en una zona que es fuente de arroyos, veneros y aguas subterráneas vital para el consumo humano y el regadío de miles de vecinos del Valle del Guadalquivir.

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La solución que plantea el PP sobre las nucleares no alivia el ahorro energético https://www.eldiario.es/economia/solucion-plantea-pp-nucleares-no-alivia-ahorro-energetico_1_9238936.html Cristina G. Bolinches #Centralesnucleares #Cementerionuclear #PP-PartidoPopular #Almacénnuclear #EmmanuelMacron #Energía
La solución que plantea el PP sobre las nucleares no alivia el ahorro energético

"Con este partido en el Gobierno, Garoña no se va a cerrar y, por tanto, se van a mantener los puestos de trabajo y el modelo de vida que aquí existe. Este es el compromiso que quiero dejar claro para que todo el mundo lo entienda". En 2009, el entonces líder de la oposición, Mariano Rajoy, se comprometió a mantener operativa la central nuclear burgalesa. Tres años después de esa promesa, con Rajoy en Moncloa, la instalación paró sus operaciones y, en 2017, también con el PP en el Gobierno, echó el cierre de forma definitiva. Pese a estos antecedentes, las nucleares se han convertido en los últimos meses en una de las principales bazas energéticas a futuro esgrimidas por la formación ahora liderada por Alberto Núñez Feijóo. Con más nucleares, argumentan, bajaría el precio de la luz y España sería menos dependiente del gas ruso. ¿Es así? ¿Es fácil y barato poner en marcha más centrales nucleares o mantener las actuales? ¿Y qué ha dicho hasta ahora el PP sobre estas centrales, después de prometer que no iba a cerrarlas y, sin embargo, hacerlo? Las nucleares, fuera del último programa electoral del PP "Ampliar la vida de las nucleares" se ha convertido en un mantra de la formación popular. No sólo lo ha pedido Feijóo, también el presidente de Murcia, Fernando López Miras, quien cree que podrían utilizarse los fondos europeos para alargar su actividad, después de que Bruselas la considere, de forma "transitoria", una alternativa con cero emisiones de gases con efecto invernadero. En la misma dirección se sitúa el Gobierno de Madrid, encabezado por Isabel Díaz Ayuso. Y Vox. "No se toman las medidas necesarias para resolverlo, el Parlamento Europeo ha proclamado como 'verde' la energía nuclear y España dice que da igual, que seguimos siendo dependientes y renunciar a la producción nuclear, que sería muy positiva para abaratar el precio de la energía", aseguró el líder de la extrema derecha, Santiago Abascal, en una entrevista en Telecinco. La insistencia en prolongar la vida de las centrales nucleares en España puede trasladar la percepción de que el cierre es inminente. Pero no es así. Actualmente, España cuenta con cinco centrales nucleares, que suman siete reactores. El primer cese de actividad se contempla para 2027 y el último para 2035, según pactó el actual Ejecutivo con las compañías energéticas que operan estas centrales. De forma que una prolongación de su vida útil –independientemente de cuánto cueste– no tendría un efecto inmediato. En su último programa electoral, con Pablo Casado como candidato, este tipo de energía, como opción para las próximas décadas, ni se citaba. Sí hay una mención a la energía nuclear, pero en un contexto muy diferente. "Reformaremos el Código Penal para ampliar los supuestos de prisión permanente revisable, añadiendo a los ya contemplados" otros adicionales como las "muertes causadas por incendios, estragos (destrucción de grandes infraestructuras) o mediante la liberación de productos químicos, biológicos, energía nuclear o elementos radiactivos", recoge el texto de 2019. En cambio, Mariano Rajoy sí llegó a la presidencia del Gobierno con la nuclear en su programa. Aunque luego la realidad le llevó por otra dirección. "Gestionaremos los permisos de los emplazamientos nucleares conforme al cumplimiento de los estrictos criterios de seguridad impuestos por el Consejo de Seguridad Nuclear [CSN] y las autoridades europeas, de forma que la prolongación de su operación redunde en un menor coste de la energía para los consumidores", recogía en su programa entonces el PP. Endesa e Iberdrola, 'peleadas' por Garoña En 2017, con Álvaro Nadal como ministro de Energía, la central de Garoña se cerró de forma definitiva. "Hemos tomado la decisión que generaba menos problemas y tenía menos impacto para el sistema", argumentó el entonces ministro del PP. Solo unos meses antes, el CSN se había pronunciado a favor de reabrir la central –que ya llevaba cinco años parada y que arrastraba cuatro décadas de existencia a sus espaldas– aunque diseñó condiciones e inversiones que iban a ser relevantes para las dos compañías que la operaban, Endesa e Iberdrola, para renovar la central y mejorar su seguridad. Ambas compañías, a través de la sociedad conjunta Nuclenor, no ocultaron entonces sus diferencias respecto a si estaban dispuestas o no a invertir en la central, donde Endesa era mucho más proclive que Iberdrola a su continuidad. Las inversiones necesarias para la continuidad de Garoña se valoraron en 200 millones de euros e Iberdrola consideró que no eran rentables. "Es económicamente inviable", reconoció su presidente, Ignacio Sánchez Galán. "Por eso hemos pedido a nuestro socio en Nuclenor el desistimiento de la explotación", aseguró en una junta de accionistas. ¿Cuál es el parque nuclear en España y cuándo se va a cerrar? En España hay cinco centrales nucleares, dos de ellas (Almaraz, en Cáceres; y Ascó, en Tarragona) con dos reactores cada una. Las otras tres son Cofrentes (Valencia), Vandellòs II (Tarragona) y Trillo (Guadalajara). Todas ellas comenzaron su explotación comercial en la década de los 80 y cada reactor supera los 1.000 Megavatios (MW), lo que hace que sumen 7.398,77 MW de potencia eléctrica conjunta. Un parque nuclear que ya tiene fecha de cierre, aunque no sea inmediato, porque así lo pactó el Ejecutivo con las compañías. A principios de 2019, los principales directivos de las cuatro grandes eléctricas que operan los reactores (Iberdrola, Endesa, EDP y Naturgy) acordaron que ninguna central funcionará más de 40 años y, al mismo tiempo, tampoco estará operativa más de 50. Por ello, el primer cierre previsto es el de uno de los dos reactores de Almaraz, en 2027, que lleva activo desde 1983. Cuatro cierres se producirán antes de 2030; y el último, en 2035, el de la instalación de Trillo, que echó a andar en 1988. Distintas fuentes consultadas señalan que este calendario es un pacto claro y prudente entre Estado y unas empresas que no son proclives a invertir en nuclear. Señalan, también, diferencias respecto a lo que sucede con países que se ponen a menudo como ejemplo por las formaciones de derecha, como Bélgica o Alemania. En ambas, el calendario de cierre fue una decisión política, sin participación del mundo empresarial. En Bélgica se habla ahora de prorrogar la vida de dos centrales nucleares hasta 2035 que es, precisamente, el año donde también se cerraría el último reactor español. Los reactores de agua ligera, para su construcción, deben cumplir dos requisitos básicos. Por un lado, tienen que estar cerca de una fuente de agua que permita su operatividad. Por otro, que el terreno sobre el que se asientan sea estable, desde el punto de vista sismológico, para evitar cualquier tipo de accidente o problema de seguridad en caso de terremoto. Basta recordar lo ocurrido con la central japonesa de Fukushima hace poco más de una década. Después del terremoto y el tsunami cambiaron las condiciones y exigencias para construir nuevas centrales. De plantearse ahora en España, lo lógico, según señalan distintas fuentes, sería recurrir a su construcción en zonas donde ya se realizaron estudios en el pasado, antes de que se decidiese el parón a la construcción de nuevas centrales en los años 90. Entre ellos, se barajó en Valdecaballeros (Extremadura) y Lemoniz (Euskadi), ambas con rechazo social. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec) contempla que el "escenario de cierre" de las centrales será "programado ordenado y escalonado" para que, mientras, aceleren las renovables. "El cierre ordenado y escalonado del parque nuclear es compatible con la plena garantía del suministro eléctrico", asegura el texto. En los últimos años, de forma constante, la producción nuclear representa en torno al 20% de la electricidad. Esa cifra, según se vayan cerrando centrales, irá reduciéndose, por lo que se prevé equilibrar con una mayor producción renovable. Por ejemplo, en 2020 –al igual que en 2025, porque habrá los mismos reactores de agua ligera– estas centrales representaban 15.118 kilotoneladas de equivalente en petróleo (ktep); y las renovables, 20.611. En 2030, con el cierre de cuatro reactores, las nucleares bajarán a 6.500 ktep y las renovables avanzarán hasta las 33.501, según las previsiones contempladas en el Pniec.  Energía con problemas de rentabilidad "En España, si volviera a gobernar el PP, podrían alargar la vida de las nucleares, pero construir nuevas, no. No es rentable se mire por donde se mire. Es imposible económicamente hablando", recalca Meritxell Bennasar, responsable de campaña nuclear de Greenpeace. "El PP siempre habla de lo que es rentable, pues la nuclear no es rentable. Solo en los países donde los Estados corren a cargo de los gastos, se está apostando por la nuclear. Si tú le dices a Naturgy o Iberdrola que la construyan, te van a decir que no; o sólo si el Estado corre con el riesgo de los costes. Mantenerla y actualizarla también cuesta mucho", añade y recuerda lo ocurrido con Garoña. "Si los Estados no ponen el dinero, las empresas no lo van a poner, porque las nucleares no son rentables". Además, "es una energía cinco o seis veces más cara que la renovable", donde todas las grandes eléctricas han puesto el foco. En cuanto al coste en sí, para saber cuánto cuesta poner en marcha un reactor, la referencia es Francia, el país europeo más pronuclear. Hace un año, la eléctrica controlada por el Estado, Electricité de France (EDF), comunicó que entre sus planes está la construcción de seis reactores, para sustituir 12 plantas nucleares que llegan al final de su vida útil. El gasto total será superior a los 50.000 millones de euros. Es decir, a más de 8.000 millones de euros por cada nuevo reactor.  Este esfuerzo inversor está detrás de la decisión del Gobierno de Emmanuel Macron de nacionalizar EDF, a través de la compra del 15% del capital que el Estado aún no controla de la compañía eléctrica. Una opción, la de nacionalizar una empresa, que es un anatema para las formaciones políticas conservadoras. Como también lo es la puesta en marcha de una eléctrica pública que, como EDF, pudiese correr con el coste de invertir en nuclear aunque se pierda dinero. En febrero, una mayoría de diputados –también el PSOE– votó en el Congreso en contra de poner en marcha una compañía eléctrica pública.  A esos citados 50.000 millones que Francia prevé para la construcción de nuevas infraestructuras se suma una cifra equivalente necesaria para financiar el actual parque atómico francés, compuesto por 58 reactores. Una red de instalaciones que, en los últimos meses, funciona solo en parte.  "Francia tiene parado gran parte del parque nuclear", indica Meritxell Bennasar. Unas centrales, por mantenimiento. Otras, porque "tienen un problema de diseño y no saben cómo solucionarlo", añade la responsable de campaña nuclear de Greenpeace. "De nuevo, se requiere más dinero". Y hay más derivadas. "Una central nuclear necesita grandes cantidades de agua, que tiene que estar a una temperatura determinada. Si se supera, la central se tiene que parar. Eso ya pasa aquí y en Francia, debido al calentamiento global. Si el agua está más caliente, las centrales no pueden funcionar", argumenta. El coste de las centrales francesas, actuales o futuras, no es el único ejemplo de la factura que supone poner en marcha más nucleares. La representante de Greenpeace cita lo que está ocurriendo en Finlandia con la instalación de Olkiluoto 3. "Va a costar 11.000 millones de euros, cuando iban a ser 3.000. La construcción (de la que se encarga EDF) se empezó en 2005 y se pensaba que se acabaría en 2009. Estamos en 2022 y sigue sin estar. Tenía que comenzar a operar en junio, veremos si empieza en septiembre o en octubre". También en Francia acumulan retrasos con la construcción de Flamanville 3, que ahora se prevé que esté terminada en 2023 y cuya factura está por encima de los 12.000 millones de euros. O lo que ocurre en Reino Unido. "Está la planta de Hinkley Point C. El Gobierno se comprometió a comprar la energía que produzca a 132 euros/MWh durante 35 años. Ese precio es muy superior a la media de 55 euros de los últimos años. Es una estimación de pago, a fondo perdido, de más de 68.000 millones de euros solo por una central nuclear", explica Bennasar. Además de las grandes centrales hay otra opción: los Small Modular Reactors, pequeños reactores modulares que suponen proyectos de 300 o 400 MW. Esta alternativa aún está en fase de desarrollo y se desconoce su viabilidad real, los plazos y el gasto que supondrían. ¿Y qué se hace con los residuos? Al margen del coste, de la imposibilidad de construir centrales nucleares a muy corto plazo, el otro gran debate son los residuos que genera la energía nuclear y que tardan miles de años en degradarse. Residuos que, hoy por hoy, en España se almacenan junto a las centrales que están operativas.  Hace menos de un mes, el Grupo Parlamentario Popular instó a reactivar la construcción del Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares en la localidad conquense de Villar de Cañas. La adjudicación decidida en diciembre de 2011, en los primeros compases de la llegada de Rajoy a Moncloa, fue polémica. No se apostó por un emplazamiento donde ya existiese una central nuclear como, a priori, hubiera tenido más sentido. A eso se ha sumado en los últimos años la oposición a su construcción por parte del Gobierno de Castilla-La Mancha; y la decisión del actual Ejecutivo central de dejar en suspenso la tramitación de permisos para la construcción del ATC en la localidad conquense, a la espera de que se logre un consenso social y político.  De momento, no hay un almacén central. "¿Es justo que las poblaciones que ya han sufrido tener una central nuclear también tengan un almacén temporal? A lo mejor un alcalde sí lo quiere, pero las poblaciones que están cerca, no. La justicia social, en lo nuclear, es imposible", sentencia la responsable de campaña nuclear de Greenpeace.

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