Ese vacío en el pecho no es tristeza, es el recordatorio de que te has tomado el pelo a ti misma.
No hay nada que dé más rabia que mirar el resultado de algo y saber que, si no hubieras estado perdiendo el tiempo o midiendo el esfuerzo como si te cobraran por gramo, ahora estarías celebrando en lugar de rumiando.
Lo peor es que no puedes culpar al empedrado, ni al de al lado, ni a la mala suerte.
La culpa es de esa versión tuya que decidió que "así ya vale".
Y no, no vale.
Quedarse a medias es la forma más mediocre de fracasar, porque ni siquiera has tenido el valor de ver hasta dónde llegabas de verdad.
Ese runrún te está diciendo que eres mejor de lo que has demostrado hoy.
Así que la próxima vez, o lo haces a muerte o mejor ni te pongas, porque para mediocridades ya está el resto del mundo.
A nosotros nos duele el conformismo más que un golpe, y con razón.
⊹⊱✫⊰⊹⊱✫⊰⊹







