Había un tal mIEKAL aND,
que vivía en un cosmos tan grand,
en un plano torcido,
por sueños regido,
donde el tiempo caminaba hacia atrás y adelante.
En otra versión de su ser,
cultivaba alfabetos al amanecer;
los signos crecían,
los planetas leían,
y las piedras aprendían a leer.
Cuando cruzó un espejo lunar,
vio mil mIEKALes danzar;
cada uno distinto,
pero unido en su instinto,
de sembrar irrealidades sin parar.










