Garbi KW

@garbikw
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Artivista queer multimedia
Pinto muros, hago música, experimento con IA, dibujo rabia con ternura punk.
Color como refugio, arte como protesta 🌈✊

Hace unos meses tomé una decisión que llevaba años rondándome por la cabeza. Dejé de organizar mi vida alrededor de los encargos y empecé a organizarla alrededor de mi trabajo artístico. Dicho así parece una frase sencilla, pero cualquiera que haya intentado vivir de algo tan inestable como el arte sabe que en realidad es una apuesta bastante temeraria. No hablo de hacerse rico. Nunca he pensado demasiado en eso. Hablo de algo mucho más modesto y probablemente más…

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Hace unos meses tomé una decisión que llevaba años rondándome por la cabeza. Dejé de organizar mi vida alrededor de los encargos y empecé a organizarla alrededor de mi trabajo artístico. Dicho así parece una frase sencilla, pero cualquiera que haya intentado vivir de algo tan inestable como el arte sabe que en realidad es una apuesta bastante temeraria. No hablo de hacerse rico. Nunca he pensado demasiado en eso. Hablo de algo mucho más modesto y probablemente más difícil: conseguir que tu trabajo te permita seguir existiendo sin tener que pedirle permiso constantemente a actividades que no te representan. Tener tiempo para desarrollar tus ideas. Tener margen para equivocarte. Poder dedicar una mañana entera a una imagen absurda, una canción imposible o un proyecto que todavía no sabes si tiene sentido. La teoría era buena. La práctica ha sido bastante más caótica. Durante un tiempo parecía que todo empezaba a encajar. Los números crecían. Algunos proyectos encontraban su público. Empezaban a aparecer oportunidades. Había una sensación de movimiento. No de éxito, que es una palabra que cada vez me interesa menos, sino de avance. La sensación de que después de muchos años empujando algo en la oscuridad por fin comenzaba a desplazarse. Y entonces llegaron los problemas. No problemas épicos ni dramáticos. Problemas administrativos. Problemas técnicos. Problemas burocráticos. Ese tipo de obstáculos absurdos que nunca aparecen en las películas sobre artistas porque resultan demasiado aburridos para convertirse en argumento y demasiado importantes para ignorarlos en la vida real. Proyectos que no podían venderse donde debían venderse. Meses de trabajo bloqueados por cuestiones ajenas a la calidad del trabajo. Un catálogo entero desapareciendo justo cuando empezaba a encontrar su lugar. Horas y horas dedicadas a reconstruir cosas que ya deberían haber estado funcionando. La sensación constante de correr para permanecer en el mismo sitio. Y mientras tanto la realidad seguía avanzando. Porque los ahorros no entienden de procesos creativos. Las facturas no entienden de procesos creativos. El alquiler no entiende de procesos creativos. Así que llegaron nuevos encargos. Algunos especialmente interesantes. Otros especialmente complejos. Proyectos audiovisuales enormes. Exposiciones. Comisariados. Diseños. Gráficos. Visuales. Montajes. Fechas imposibles. Calendarios delirantes. Plazos que se pisan unos a otros hasta formar una especie de masa informe donde ya no recuerdas qué día de la semana es ni cuál de las veinte tareas urgentes era realmente la más urgente. Hay mañanas en las que me despierto y tengo la sensación de estar gestionando cinco vidas distintas al mismo tiempo. La persona que trabaja en una exposición. La que prepara una instalación. La que desarrolla visuales para un espectáculo. La que diseña materiales para una película. La que intenta mantener vivo un proyecto musical. La que sigue produciendo imágenes para un universo propio que todavía no sabe exactamente en qué acabará convirtiéndose. Y en medio de todo eso aparece la ansiedad. No una ansiedad romántica. No la ansiedad de artista de película independiente. La ansiedad aburrida y práctica. La de mirar el calendario. La de calcular horas. La de preguntarte si llegarás. La de pensar que quizá has aceptado demasiado trabajo. La de acostarte sabiendo que mañana habrá todavía más cosas por hacer. Sin embargo hay algo curioso que llevo observando estos meses. Cada vez que creo que estoy completamente desbordado, algo termina encajando. No porque aparezca una solución mágica. No porque el universo premie el esfuerzo. Simplemente porque sigo avanzando. Porque hago una cosa. Luego otra. Luego otra. Y poco a poco la montaña empieza a cambiar de forma. Supongo que llevo demasiados años trabajando para saber que el caos también tiene su propia lógica. Las cosas raramente salen como las había imaginado. Casi nunca. Pero también es verdad que muchas veces terminan siendo mejores de lo que esperaba. Distintas. Más complejas. Más humanas. Más llenas de accidentes. Y quizá eso también forme parte del oficio. Últimamente pienso mucho en las instituciones culturales. He crecido alrededor de algunas. Les debo cosas importantes. Aprendizajes. Oportunidades. Personas que me ayudaron cuando todavía no sabía muy bien qué estaba haciendo. Sería injusto negarlo. También conozco sus límites. Conozco sus contradicciones. Conozco las normas absurdas. Los procedimientos interminables. Las inercias. Los compromisos. Las pequeñas guerras invisibles que aparecen cuando intentas hacer cosas dentro de estructuras diseñadas para funcionar de otra manera. Nunca me he sentido completamente cómodo dentro de esos espacios. Pero tampoco creo en la fantasía de destruirlo todo. Lo que intento hacer es algo mucho más sencillo y mucho más difícil: trabajar con dignidad dentro de las reglas que existen sin olvidar nunca para quién debería existir realmente la cultura. Los artistas. Las comunidades. Las personas que necesitan esos espacios. No siempre sale bien. A veces es frustrante. A veces es agotador. Pero sigo creyendo que merece la pena intentarlo. Quizá porque me he dado cuenta de algo importante este año. Mi proyecto ya no desaparece cuando estoy ocupado. Antes sí. Antes cualquier encargo lo interrumpía. Cualquier urgencia lo apartaba. Cualquier trabajo externo ocupaba todo el espacio. Ahora no. Ahora siempre queda un rincón del día para él. Aunque sea pequeño. Aunque avance despacio. Aunque algunas semanas parezca detenido. Sigue ahí. Esperándome. Y eso me tranquiliza más de lo que esperaba. Porque empiezo a entender que no estoy construyendo algo para este año. Ni para el siguiente. Ni siquiera para esta década. Estoy construyendo algo para toda una vida. Quizá nunca me compre una casa gracias a ello. Quizá nunca alcance muchas de las metas que se supone que debería perseguir. Pero me está dando algo que durante mucho tiempo no tuve. La posibilidad de decidir hacia dónde quiero caminar. Y después de tantos años trabajando en proyectos ajenos, descubro que eso tiene un valor enorme. Así que sí, estoy cansado. Estoy saturado. Voy tarde. Tengo demasiadas pestañas abiertas en el ordenador y probablemente demasiadas abiertas también en la cabeza. Pero si miro todo lo que está ocurriendo desde cierta distancia, la verdad es que no cambiaría este caos por la tranquilidad de esperar una llamada para que alguien me dijera qué hacer con mi tiempo. Porque por primera vez en muchos años, incluso cuando trabajo para otros, sé perfectamente dónde está mi casa. Y esa casa sigue esperándome al final de cada jornada. - Garbi KW

Hace unos meses tomé una decisión que llevaba años rondándome por la cabeza. Dejé de organizar mi vida alrededor de los encargos y empecé a organizarla alrededor de mi trabajo artístico. Dicho así parece una frase sencilla, pero cualquiera que haya intentado vivir de algo tan inestable como el arte sabe que en realidad es […]

Garbi KW

Contra la gente que ya sabe quién es

Desconfío profundamente de las personas que tienen respuestas para todo. De las que han convertido su vida en una oficina. De las que hablan de estabilidad como si fuera una virtud moral. De las que creen que madurar consiste en ir eliminando contradicciones hasta convertirse en una versión más eficiente de sí mismas. Cada año que pasa me interesan menos los individuos terminados. Prefiero a los que todavía están ardiendo. A los que…

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Contra la gente que ya sabe quién es - Garbi KW

Desconfío profundamente de las personas que tienen respuestas para todo. De las que han convertido su vida en una oficina. De las que hablan de estabilidad como si fuera una virtud moral. De las que creen que madurar consiste en ir eliminando contradicciones hasta convertirse en una versión más eficiente de sí mismas. Cada año […]

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Heredar el trono de las ruinas

Nunca he querido parecer respetable. La respetabilidad siempre me ha parecido una estafa inventada por gente con miedo. Miedo a mancharse. Miedo a desear. Miedo a fracasar delante de otros. Yo crecí rodeado de personas que se rompían intentando sobrevivir. Gente demasiado cansada para construir personajes elegantes. Gente que llegaba a casa con los bolsillos vacíos, los nervios destrozados y el orgullo hecho trizas. Por eso nunca he…

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Heredar el trono de las ruinas - Garbi KW

Nunca he querido parecer respetable. La respetabilidad siempre me ha parecido una estafa inventada por gente con miedo. Miedo a mancharse. Miedo a desear. Miedo a fracasar delante de otros. Yo crecí rodeado de personas que se rompían intentando sobrevivir. Gente demasiado cansada para construir personajes elegantes. Gente que llegaba a casa con los bolsillos […]

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Los huérfanos del futuro

Cuando era niño pensaba que el futuro sería un lugar. Un sitio al que llegaríamos tarde o temprano. Habría coches voladores, ciudades transparentes, colonias espaciales, máquinas inteligentes y algún tipo de respuesta para todas las preguntas que parecían imposibles. El futuro era una promesa. Una dirección. Una línea recta avanzando hacia delante. Con los años descubrí que el futuro no funciona así. El futuro no llega. Se acumula. Se mezcla.…

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Cuando era niño pensaba que el futuro sería un lugar. Un sitio al que llegaríamos tarde o temprano. Habría coches voladores, ciudades transparentes, colonias espaciales, máquinas inteligentes y algún tipo de respuesta para todas las preguntas que parecían imposibles. El futuro era una promesa. Una dirección. Una línea recta avanzando hacia delante. Con los años […]

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La fiesta después de la fiesta

Hay una edad en la que descubres que casi todo el mundo está actuando. Algunos interpretan el papel del triunfador. Otros el del rebelde. Otros el del intelectual. Otros el del buen ciudadano. Otros el del artista atormentado. Cambian los disfraces, cambian los decorados, cambian las palabras que utilizan para justificarse, pero debajo de todo eso suele esconderse el mismo miedo: el terror a quedarse quieto en una habitación sin ruido…

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Hay una edad en la que descubres que casi todo el mundo está actuando. Algunos interpretan el papel del triunfador. Otros el del rebelde. Otros el del intelectual. Otros el del buen ciudadano. Otros el del artista atormentado. Cambian los disfraces, cambian los decorados, cambian las palabras que utilizan para justificarse, pero debajo de todo […]

Garbi KW

La suavidad siempre incomodó más que la violencia

Crecí rodeado de hombres que parecían vivir en guerra constante consigo mismos. Y creo que eso marca muchísimo más de lo que la gente admite luego cuando habla de masculinidad, deseo o identidad como si todo fuese teoría cultural limpia y perfectamente explicable. En mi caso la masculinidad siempre estuvo asociada a algo bastante triste. Muchísimo orgullo. Muchísimo silencio. Muchísima vergüenza emocional escondida…

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La suavidad siempre incomodó más que la violencia - Garbi KW

Crecí rodeado de hombres que parecían vivir en guerra constante consigo mismos. Y creo que eso marca muchísimo más de lo que la gente admite luego cuando habla de masculinidad, deseo o identidad como si todo fuese teoría cultural limpia y perfectamente explicable. En mi caso la masculinidad siempre estuvo asociada a algo bastante triste. […]

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El lugar al que voy todavía no existe

Durante mucho tiempo pensé que me estaba equivocando. No porque el trabajo fuera malo. No porque no creyera en él. Me equivocaba porque intentaba explicarlo utilizando palabras que pertenecían a otros mundos. Decía que hacía música, pero nunca me he sentido músico. Decía que hacía videoclips, pero los videoclips siempre parecían quedarse pequeños. Decía que tenía una discográfica, aunque aquello tampoco era exactamente una…

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Los videoclips industriales de los 90 parecían hechos por personas con fiebre

Echo muchísimo de menos cuando el futuro todavía daba miedo. No nostalgia tecnológica barata tipo “qué guay eran los 90”, sino esa sensación concreta de estar viendo imágenes hechas por gente que parecía realmente obsesionada, cansada o directamente un poco enferma mentalmente. Muchos videoclips industriales de finales de los 90 y principios de los 2000 parecían grabados desde dentro de una…

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Los videoclips industriales de los 90 parecían hechos por personas con fiebre - Garbi KW

Echo muchísimo de menos cuando el futuro todavía daba miedo. No nostalgia tecnológica barata tipo “qué guay eran los 90”, sino esa sensación concreta de estar viendo imágenes hechas por gente que parecía realmente obsesionada, cansada o directamente un poco enferma mentalmente. Muchos videoclips industriales de finales de los 90 y principios de los 2000 […]

Garbi KW

Hay algo muy triste en los hombres que solo saben sentirse deseados a través de imágenes

Creo que por eso aparecen tantos hombres solos en mi trabajo aunque casi nunca hablen. Porque muchas veces siento que la masculinidad contemporánea se ha convertido en una especie de escaparate silencioso donde muchísimos hombres ya solo saben relacionarse con los demás a través de imágenes controladas de sí mismos. Selfies. Fotos de espejo. Poses repetidas. Abdominales. Miradas…

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Hay algo muy triste en los hombres que solo saben sentirse deseados a través de imágenes - Garbi KW

Creo que por eso aparecen tantos hombres solos en mi trabajo aunque casi nunca hablen. Porque muchas veces siento que la masculinidad contemporánea se ha convertido en una especie de escaparate silencioso donde muchísimos hombres ya solo saben relacionarse con los demás a través de imágenes controladas de sí mismos. Selfies. Fotos de espejo. Poses […]

Garbi KW

El aburrimiento desapareció y creo que eso destruyó parte de la creatividad

A veces pienso que gran parte de mi imaginario salió simplemente de pasar demasiadas horas sin hacer absolutamente nada útil. Y lo digo en serio. No de “aburrimiento” entendido como mindfulness elegante o desconexión digital consciente. Hablo de aburrimiento real. Del de mirar el techo de tu habitación durante una hora porque no había nada más pasando. Del de escuchar el mismo disco entero…

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El aburrimiento desapareció y creo que eso destruyó parte de la creatividad - Garbi KW

A veces pienso que gran parte de mi imaginario salió simplemente de pasar demasiadas horas sin hacer absolutamente nada útil. Y lo digo en serio. No de “aburrimiento” entendido como mindfulness elegante o desconexión digital consciente. Hablo de aburrimiento real. Del de mirar el techo de tu habitación durante una hora porque no había nada […]

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