No recordaba la intensidad de la disparatada reacción demócrata la primera vez que palmaron contra Trump.

La segunda nos empieza a demostrar la absurda mistificación que está dispuesto a pergeñar el aparato del partido, y sus medios e intelectuales afines, para defender la estupidez supina de que la campaña de Harris y Walz fue perfecta, y que sólo detallitos sin importancia, achacables únicamente a la idiocia de sus votantes, les hicieron perder las elecciones.