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Días de mierda hay siempre, aunque lo hagas todo bien.
Se te tuerce el plan, te falla alguien o simplemente todo sale al revés.
Es normal estar hasta las narices, pero darle más vueltas de la cuenta es una pérdida de tiempo.
Las cosas salen mal y ya está, no hay que buscarle tres pies al gato ni verlo como una gran lección.
Tienes dos opciones al terminar el día: seguir dándole vueltas a lo que no salió como querías, o pasar página y desconectar.
La paz mental no viene de analizarlo todo, viene de saber qué cosas simplemente no valen el esfuerzo de enfadarte.
Mañana será otro día; con que no sea un desastre, ya sirve.
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Es que no hay nada que descoloque más a quien te tiene mala fe que responderle con una sonrisa y una amabilidad que ni se esperan. 









