‣ La historia se repite.
En 2016 Francia aprobó la ley abolicionista que penaliza la demanda, dificulta la auto-gestión de las trabajadoras sexuales y promueve la industria del rescate.
Este sistema de rescate llamado "programa de salida" consiste en un dispositivo condicional que obliga a la renuncia inmediata del ejercicio del trabajo sexual.
Posteriormente se realiza un seguimiento exhaustivo y se penaliza con ma expulsión del programa a las personas que lo incumplen.
‣ La “salvación” de las putas.
¿En qué consiste el programa de salida de la prostitución de la República Francesa?
• Ayuda financiera de 330€/mes durante 18 ó 24 meses, más 120€ por hije a cargo.
• Permiso de trabajo para personad migrantes de seis meses, renovable hasta cumplir 18 meses en total.
• Asesoría para la búsqueda de vivienda social.
• Acceso a la sanidad básica.
• Orientación y formación laboral de menos de 18 meses: auxiliar de enfermería limpieza, hostelería, peluquería, comercial de ventas o cuidados a personas mayores. Una formación para trabajos precarizados, feminizados y mal pagados.
(Fuentes: Shadow Report 2020, República Francesa)
‣ Un rotundo fracaso.
Diez años después de su implantación, solo el 8% de las 30000 y 40000 de las trabajadores sexuales estimadas en Francia ha accedido al programa de salida, y menos del 10% lo ha completado. La mayoría fueron expulsadas o no renovadas por no abandonar completamente el trabajo sexual.
Quienes continúan ejerciendo se enfrentan a una mayor precariedad y clandestinidad, lo que incrementa su exposición a la violencia, los abusos y el deterioro de su salud física y mental.
78.2% → Ingresos disminuyeron.
62.9% → Calidad de vida empeoró.
(Fuente: Shadow Report 2020, República Francesa.)
Si no se cuestionan los efectos de esta ley abolicionista como el detrimento del acceso a la salud y a la justicia, el fomento de la clandestinidad, el aumento de la violencia y el estigma, estamos negando una realidad evidente que vulnera de forma directa los derechos humanos.
Esta ley aumenta los riesgos y desplaza el trabajo a lugares más aislados. La penalización de clientes no reduce la prostitución, solo la hace más peligrosa.
Las putas en Francia ya lo sabían en 1975.
‣ El peligro de copiar en España una Ley que copia el modelo francés.
El gobierno actual quiere reproducir una ley que ya sabemos que no funciona, y que además empeora la vida de las putas y las expone a más violencias. ¿Cómo es posible?
La idea de “abolir” la prostitución no es nueva ni progresista, nace del catolicismo conservador y la moral de extrema derecha del siglo XIX.
Paradójicamente, aunque la extrema derecha crece en España, es parte del feminismo de izquierdas el que ha adoptado un discurso abolicionista, en el que se niega que el trabajo sexual es trabajo.
Esta mirada transforma cualquier acto de libre prostitución en una suerte de explotación sexual.
Pero no olvidemos que esta mirada es solo una mirada incapaz de ver y escuchar la realidad de las putas.
‣ Una carta de amor a nuestras hermanas abolicionistas.
Queridas compañeras de lucha, las putas también estamos en contra de la trata de personas y podemos ayudar a detectar y denunciar estad formas de explotación.
Considerar toda forma de prostitución como explotación plantea un problema analógico y político: dificulta distinguir entre diferentes realidades y puede obstaculizar la identificación efectiva de los casos de testa y explotación sexual.
Las putas necesitamos derechos laborales como clase trabajadora que somos. Porque un feminismo que deja fuera a las putas no es un feminismo para todas.
‣ El modelo neozelandés.
En Nueva Zelanda el modelo pro-derechos lleva 23 años en funcionamiento. Es un sistema de despenalización total que reconoce el trabajo sexual como trabajo y garantiza los derechos laborales y humanos de las trabajadoras sexuales.
En Nueva Zelanda, las personad que ejercen el trabajo sexual reportan:
• Mayor protección por parte de la policía.
• Menos estigma social.
• Ser escuchadas y tenidas en cuenta cuando de legisla sobre sus vidas y derechos.
Se pueden construir leyes que nos protegen, no leyes que nos castigan, estigmatizan y condenan a más violencia.
El camino es claro: despenalización total, derechos laborales y autonomía real. Basta de modelos fracasados.
¡Escucha a las trabajadoras sexuales!
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