¿Sabían que la guerra a muerte entre los hongos y las bacterias en el suelo de la naturaleza nos dio el remedio para salvar millones de vidas humanas?
En el mundo microscópico, los hongos y las bacterias compiten todos los días por el mismo alimento, que son los pedazos de plantas y animales muertos. Para defender su territorio y que las bacterias no se coman sus nutrientes, algunos hongos desarrollaron armas químicas muy potentes llamadas antibióticos, las cuales sirven para romper las paredes de las bacterias, detener su crecimiento o eliminarlas por completo. El hongo Penicillium notatum es uno de los ejemplos más claros de esta pelea, ya que suelta un jugo natural que limpia el terreno a su alrededor para que ninguna bacteria pueda sobrevivir cerca de él.
Este combate de la naturaleza fue descubierto por pura casualidad en septiembre del año 1928 por el científico Alexander Fleming en su laboratorio de Londres. El investigador se fue de vacaciones y dejó olvidados unos platillos de vidrio donde cultivaba bacterias peligrosas; al regresar, vio que un hongo verde del aire había caído en sus muestras y que las bacterias que estaban pegadas al hongo se habían disuelto por completo. Gracias a que el hongo fabricó esa sustancia para ganarle la batalla a las bacterias en el plato, los médicos pudieron aislar ese líquido y crear la penicilina, el primer antibiótico del mundo que sirvió para curar infecciones mortales.
La producción de estos químicos es una estrategia de supervivencia que lleva millones de años ocurriendo bajo la tierra de los bosques y campos. Aunque hoy en día compramos las medicinas en las farmacias en forma de pastillas o inyecciones, la base de estos remedios sigue siendo el resultado de la guerra biológica que los hongos mantienen viva contra las bacterias para no quedarse sin comida en su entorno natural.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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