El lazo de manos: un matrimonio libre y con fecha de caducidad
La historia del handfasting y por qué el amor antiguo era mucho más moderno de lo que pensamos.
En un mundo donde nos han enseñado que el matrimonio debe ser un contrato eterno y obligatorio, existe una tradición milenaria que rompe por completo con esos moldes y nos enseña a amar desde la libertad: el handfasting o la unión de manos. Aunque hoy en día muchas parejas lo eligen como una ceremonia espiritual y hermosa dentro de las tradiciones de la vieja religión, la antropología nos demuestra que su origen celta era completamente práctico, lógico y, sobre todo, profundamente respetuoso con la naturaleza humana.
A diferencia del matrimonio religioso cristiano, Judío, o musulmán tradicional, el handfasting original no se basaba en la promesa de "hasta que la muerte los separe". Los antiguos sabían que obligar a dos personas a convivir de por vida sin saber si eran compatibles era una condena. Por eso inventaron una especie de matrimonio que duraba exactamente un año y un día. Durante ese tiempo, la pareja vivía junta, compartía su día a día y ponía a prueba su amor en el mundo real. Pasado el plazo de un año y un día, ambos tenían la libertad absoluta de revisar su contrato: si descubrían que no funcionaban como pareja, disolvían el lazo con total respeto y cada quien seguía su camino sin culpas ni juicios sociales. Si el amor seguía fuerte, tenían la opción de renovar sus votos por otro año y un día, o incluso hacer la unión permanente.
Otro aspecto maravilloso y revolucionario de esta tradición es su total libertad respecto al género. Al ser un rito pagano que celebra la unión de dos almas que deciden caminar juntas en armonía con la tierra, el handfasting no entiende de prejuicios modernos ni de moldes rígidos. Esta unión puede realizarse perfectamente entre personas del mismo sexo o de diversas identidades sexuales. Lo único que dicta la validez del lazo es la voluntad, el amor y la palabra empeñada de quienes deciden entrelazar sus manos, sin importar a quién decidan amar.
El handfasting nos recuerda que el verdadero compromiso no nace de un papel firmado para siempre ante una o de aquella sentencia de por vida que nos da un sacerdote cristiano, Judío o musulmán, sino de la decisión diaria de elegir a la persona que tienes al lado. Un año y un día es el recordatorio perfecto de que el amor se cuida y se cultiva cada mañana, sabiendo que somos libres de irnos, pero elegimos quedarnos por nuestra propia voluntad.
— Amber Luna, Bruja y Antropóloga
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