Mira, la asertividad no es ir de borde por la vida ni tener siempre la Ășltima palabra.
Es algo mucho mĂĄs simple y a la vez mĂĄs difĂcil: es marcar la raya en el suelo y no dejar que nadie la pise por sistema.
Cuando dejas de decir "sĂ" a todo por puro compromiso o por miedo a no encajar, algo cambia en cĂłmo te mira el resto.
En el momento en que dejas claro lo que aceptas y, sobre todo, lo que no vas a tolerar ni una vez mĂĄs, dejas de ser un blanco fĂĄcil.
No hace falta gritar; la seguridad de verdad se nota en el tono, en la mirada y en esa calma de quien sabe perfectamente dĂłnde termina su espacio y empieza el de los demĂĄs.
Al final, la gente te trata como tĂș les enseñas que pueden tratarte.
Si te ven dudar, te empujan.
Si te ven firme, se lo piensan dos veces.
Hacerse respetar empieza por respetarse uno mismo lo suficiente como para decir "hasta aquĂ" sin que te tiemble la voz.
Y oye, el que se moleste porque ahora tengas lĂmites, es precisamente el que mĂĄs se estaba aprovechando de que no los tuvieras.
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