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¿Sabían que el mito de la nigromancia nació en gran parte como una acusación ignorante y sesgada contra las primeras personas que abrían cadáveres para estudiar la anatomía humana?
La idea popular que nos han vendido las iglesias, los cuentos de terror y, más recientemente, las novelas, los videojuegos o las películas de Hollywood presenta al nigromante como un brujo oscuro que levanta ejércitos de muertos vivientes o habla con fantasmas en los cementerios. Sin embargo, la realidad histórica demuestra que este concepto fue una muy mala interpretación de las sociedades antiguas ante las actividades de los primeros investigadores y médicos que buscaban entender cómo funcionaban los músculos, los huesos y los órganos internos. Durante siglos, la disección de cuerpos humanos estuvo prohibida por las leyes religiosas, por lo que los científicos se veían obligados a conseguir cadáveres en secreto, a menudo con la ayuda de saqueadores de tumbas, y a trabajar ocultos durante las madrugadas más frescas para evitar que la descomposición borrara los detalles de la carne. Para la gente común de la época, ver a un grupo de hombres metidos en un sótano oscuro rodeados de restos humanos descuartizados era la prueba de que estaban realizando "rituales prohibidos" o invocando a los espíritus del más allá.
Un ejemplo muy claro de este sesgo ocurrió con el polifacético artista e inventor Leonardo da Vinci durante el siglo XVI. Para poder pintar el cuerpo de una forma natural y precisa, Da Vinci no se conformó con observar a los modelos desde afuera, sino que asistió a hospitales y laboratorios en Florencia, Milán y Roma para realizar más de 30 autopsias completas a hombres, mujeres y niños. Usando herramientas simples como sierras de dientes finos y cuchillos, el genio florentino abrió cuerpos en la oscuridad de la noche, logrando avances médicos asombrosos para su tiempo, como descubrir la forma real de las cuatro cavidades del corazón o inyectar cera líquida en el cerebro para entender la forma de las zonas internas. Debido a estas investigaciones secretas y al horror que causaba ver su laboratorio lleno de miembros despellejados, Da Vinci fue acusado formalmente ante el Papa de cometer conductas indecentes y nigromancia, lo que provocó que le prohibieran la entrada a los hospitales y tuviera que suspender por completo sus dibujos anatómicos. La iglesia y la ignorancia de la época catalogó las actividades de Da Vinci como "magia negra", pero en realidad simplemente era el nacimiento de la ciencia médica moderna en manos de hombres curiosos que querían apreciar cómo era un ser humano por dentro.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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