El verdadero liderazgo: Autoritas frente a potestas en la gestión de equipos
La dirección de un grupo humano, ya sea en una pequeña empresa o en la administración de una nación, se confunde muchas veces con el simple hecho de ocupar un puesto importante. Para entender cómo funciona el mando real, es necesario analizar 2 conceptos antiguos que definen de dónde viene el poder de un jefe o una jefa: la potestas y la autoritas. Estas palabras describen las 2 formas básicas en las que una persona puede influir en los demás.
La potestas es el poder legal, formal y oficial que otorga un cargo o un nombramiento de forma escrita. Es la facultad de mandar que tiene un director porque su contrato lo dice, un político porque ganó una elección, o el dueño de una empresa porque es el propietario legal del negocio. Este tipo de poder se basa en la obediencia obligatoria, las reglas y la capacidad de premiar o castigar a los subordinados. Por el contrario, la autoritas es el poder moral, el prestigio, el conocimiento y el respeto que una persona se gana ante los ojos de los demás de forma voluntaria. No se compra con dinero ni se otorga con un título, sino que nace de la confianza, la honestidad y la sabiduría que los seguidores reconocen en alguien a quien deciden escuchar por elección propia.
Por esta razón, un dueño de empresa o un funcionario político no son de forma automática verdaderos líderes. A estas figuras les hace falta un equilibrio entre ambos conceptos, pues casi siempre operan únicamente bajo la potestas. Un propietario puede dar órdenes y exigir resultados porque tiene el dinero para pagar sueldos, pero si no demuestra capacidad de escucha, empatía y conocimiento real, sus empleados trabajarán solo por obligación y no por convicción. Lo mismo ocurre en la política, donde un gobernante cuenta con la fuerza de la ley para imponer decretos, pero si carece de calidad moral y congruencia en sus actos, pierde la autoritas ante los ciudadanos, provocando que su cargo funcione de manera deficiente y sin el apoyo real de la sociedad.
Para que una empresa, un equipo o una nación funcionen como es debido, un verdadero líder debe enfocarse en construir su autoritas todos los días. El consejo para lograr un mando correcto es entender que el puesto sirve para ayudar al grupo y no para servirse de él, actuando con el ejemplo directo en lugar de dar gritos o amenazas. El liderazgo que funciona es aquel que sabe combinar la responsabilidad legal del cargo con una conducta ética intachable, donde se explican las razones de las decisiones y se cuida el bienestar de cada integrante del equipo para alcanzar las metas en armonía.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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