GLORIA FUERTES, LA POETA DE LA VESPA: LA HISTORIA OLVIDADA DE LA PRIMERA BIBLIOTECA INFANTIL AMBULANTE DE ESPAÑA
En los años cincuenta, Gloria Fuertes y su entonces pareja, la escritora estadounidense Phyllis Turnbull, fundaron el primer servicio móvil de biblioteca infantil de España. A lomos de su Vespa, la poeta recorría los pueblos de la sierra de Madrid para llevar la magia de los libros a los niños de las zonas rurales, allan donde el acceso a la cultura era entonces casi inexistente.
Madrid, 1958. Por los polvorientos caminos de la sierra, entre Chozas de la Sierra y los pueblos aledaños, una mujer con pantalones, melena al viento y carácter desafiante conducía una Vespa. En su maleta no llevaba lo habitual. No eran víveres ni herramientas. Eran libros. Cuentos, poemas, aventuras. Gloria Fuertes, la poeta que décadas después conquistaría a generaciones de niños desde la televisión, estaba creando, con solo su moto y su ingenio, la primera biblioteca infantil ambulante de España. Una hazaña cultural y social tan rebelde como ella, y que ha permanecido semioculta entre los versos de su leyenda.
Gloria Fuertes en Chozas de la Sierra en la vespa que utilizaba en su biblioteca infantil ambulante, 1958. / Archivo Gloria Fuertes
El proyecto nació a mediados de los años 50, fruto de dos fuerzas complementarias: la sensibilidad social de Gloria y el apoyo económico y logístico de su entonces pareja, la hispanista norteamericana Phyllis Turnbull. Juntas convirtieron una casa en Chozas de la Sierra –diseñada por Matilde Ucelay, la primera arquitecta española– en un oasis cultural. “Allí se organizaban reuniones con lo más granado de la literatura del momento: Gabriel Celaya, Caballero Bonald, Vázquez Montalbán… Pero su mirada pronto se dirigió a los niños del pueblo, que solo tenían una escuela”, explica Honorio Penadés, bibliotecario de la Universidad Carlos III de Madrid que ha investigado a fondo esta etapa.
Una biblioteca con dos ruedas y sin burocracia
Primero improvisaron un mostrador en el ayuntamiento. Luego, Gloria decidió que los libros debían salir a buscar a sus lectores. Con el dinero de la familia Turnbull –“dudo que el padre de Phyllis supiese a qué lo destinaba”, comenta Penadés con sorna–, compraron volúmenes y los cargaron en la Vespa. No había carnés, ni fichas, ni sistemas de préstamo complejos. El proceso era puro trato humano: “Te presto estos cuentos, ya los devolverás”. Era una biblioteca motoambulante, como ella la llamó, que desafiaba el aislamiento y el analfabetismo de la España rural de la posguerra.
“En un país sumido todavía en la pobreza, Gloria Fuertes se lanzó a las llanuras, como don Quijote, a regalar libros a los niños”, escribe Ángel Esteban del Campo, catedrático de la Universidad de Granada. La poeta lo resumía en versos llenos de oficio y carretera: “Maletilla de las letras / Por los caminos de España / sin hacer auto-stop a los catedráticos… sólo a los camioneros y a las tascas”.
El “jefe-libro” y la libertad
Para Fuertes, aquella época fue profundamente feliz y formativa. Había estudiado Biblioteconomía en el Instituto Internacional de España –“un reducto de modernidad”–, donde conoció a Phyllis. Allí absorbió un espíritu de servicio público lejano a las grandes bibliotecas patrimoniales de la época. “Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”, declaró. Aquel contacto directo con los niños, antes de que ella escribiera poesía infantil, dejó una huella indeleble. “Debió de ser de los primeros contactos de Gloria con el mundo de los niños. Es probable que le marcara”, apunta Penadés.
La iniciativa no fue un gesto aislado. Junto a Phyllis, también impulsaron un programa de ayudas que logró escolarizar al 100% de los niños de Chozas de la Sierra (hoy Soto del Real), donde una calle recuerda a la hispanista. Sin embargo, la biblioteca ambulante tuvo una vida breve. A finales de los 50, Gloria obtuvo una beca Fulbright –otro puente tendido por Phyllis– y partió a Estados Unidos para impartir clases de español.
Un legado entre la niebla biográfica
El rastro de esta historia se ha difuminado, en parte, por la propia personalidad de Gloria Fuertes. “Falseaba muchos datos de su vida de manera juguetona. Lo mismo decía que tenía seis hermanos mayores que era la mayor o que no tenía hermanos”, recuerda Penadés. Su biografía, como sus poemas, estaba hecha de retazos de verdad y fantasía. Pero el impacto de aquella Vespa cargada de libros fue real y tangible para los niños que la esperaban.
A su regreso de Estados Unidos, Gloria Fuertes abrazaría definitivamente la literatura infantil y la televisión, donde se convertiría en un icono. Pero la semilla de esa conexión única con la infancia se había plantado años antes, en los caminos de tierra, con el ruido del motor de su Vespa como preludio de las historias por contar. Como ella misma escribió: “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria”. Y, sobre dos ruedas, llevó la poesía a donde nadie más llegaba.
Con información del artículo de María G. Dionis en la Agencia SINC
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