🕯️Nos hemos vuelto tan dependientes de la comodidad que cualquier mínimo esfuerzo ya nos parece una montaña.
La tecnología avanza para ahorrarnos esfuerzo, pero el efecto secundario es que nos está atrofiando la fuerza de voluntad.
En el siglo XVIII se las ingeniaban clavando metal en una vela para que el ruido al caer los despertara a su hora; hoy tenemos alarmas inteligentes con música relajante y nos cuesta la vida no posponerlas diez veces.
Cuanto más fácil nos lo ponen todo, más perezosos y blandos nos volvemos.
Nos quejamos por vicio en un mundo diseñado para que no tengamos que mover ni un dedo.
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